FUENTE EXTERNA.- Curiosity sigue explorando a fondo el cráter Gale, una región de Marte que en la antigüedad fue un lago y que a lo largo de millones y millones de años se fue llenando de sedimentos hasta alcanzar su altura actual. El vehículo robótico de la NASA se centra en una montaña llamada Aeolis Mons o Monte Sharp, que se eleva 5.500 metros desde el suelo del valle.

Esta semana se ha despedido de la cresta Vera Rubin (bautizada así en honor a la astrónoma que midió la rotación de las estrellas en una galaxia y que falleció en 2016) y ha puesto rumbo hacia otra región del Monte Sharp en la que abundan los minerales arcillosos. Antes de partir de la zona que ha sido su hogar durante más de un año, desde septiembre de 2017, se ha hecho otro selfie. El autorretrato, realizado a mediados de enero, es el resultado del ensamblaje de 57 fotos tomadas con la cámara que lleva al final de su brazo robótico.

Los científicos de la NASA lo mandan a su nuevo destino del Monte Sharp a la búsqueda de pistas que esclarezcan cómo eran los lagos antiguos que ayudaron a que se formaran los niveles más bajos de esta montaña. Con los datos que Curiosity ha ido recabando desde que llegó a Marte en 2012, están reconstruyendo cómo el planeta rojo llegó a convertirse en el desierto que es en la actualidad. Y se están llevando algunas sorpresas, como la que recoge esta semana la revista Science.

El análisis de los datos de ingeniería tomados por los acelerómetros del rover -que normalmente se usan para la navegación- ha permitido a un equipo de investigadores medir la densidad de las capas de rocas del cráter Gale. Su conclusión es que son mucho más porosas de lo que habían determinado las estimaciones basadas en las cantidades de rocas minerales.

Según detalla Travis Gabriel, un estudiante de la Universidad del Estado de Arizona que participa en el estudio, la densidad que habían estimado era de 2.810 kilogramos por metro cúbico. «Sin embargo, nuestro estudio muestra que la densidad es de 1.680 kilogramos por metro cúbico». Es decir, que la cifra sea menor de lo esperado se debe probablemente a que las rocas son más porosas, lo que significa que han estado comprimidas menos de lo que se pensaba.

«Este artículo demuestra que la porosidad del suelo es mucho más alta de lo esperado y va aumentando a medida que el rover va ascendiendo a través del Monte Sharp, lo cual refuerza la idea de que la parte alta del monte es de origen eólico (material mucho más poroso). Si por el contrario, la parte alta del monte se hubiera formado por material sedimentario, su porosidad sería mucho más baja (al sedimentarse el material se va apretando aumentando su densidad y disminuyendo la porosidad), algo no observado en el artículo», explica Jorge Pla-García, Investigador del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) y uno de los científicos que se encarga de la estación meteorológica española REMS que lleva Curiosity.

«Es la confirmación de una de nuestras hipótesis: la parte superior del Monte Sharp se formó por la acción de los vientos y no por procesos de sedimentación lacustre», dice el científico español, que describe así cómo probablemente se formó la montaña: «Cuando el lago se secó, los vientos de ladera (sobre todo los nocturnos que son descendentes) fueron transportando y acumulando material través de los bordes del cráter. Es por esto por lo que el Monte Sharp es tan alto y por lo que los materiales son tan diferentes a medida que vamos ascendiendo desde la base».

Asimismo, la alta porosidad del suelo hace que su interacción con la atmósfera sea diferente a la de un suelo de baja porosidad. Que es esto es así, añade, lo han comprobado al ver cómo la meteorología cambia desde la zona de aterrizaje del vehículo a los puntos que ha ido alcanzando a medida que ascendía por el Monte Sharp. Y es que, al subir desciende la presión atmosférica y se está más expuesto a las masas de aire externas al cráter.

Por otra parte, la porosidad del suelo influye también en el contenido de vapor de agua de la atmósfera, que no sólo cambia en función de las condiciones atmosféricas. «Si la alta porosidad se extiende hasta varios kilómetros de profundidad (como se dice en el artículo), esto podría facilitar a que los hielos del subsuelo liberaran metano, en caso de que existieran», propone Pla-García.

El investigador español cree, asimismo, que en principio, los procesos que han visto en el Monte Sharp podrían haberse dado también en otras zonas de Marte: «Todo el material desplazado y concentrado por procesos eólicos, por ejemplo desde los bordes de los cráteres, debería tener una porosidad mucho más alta (menor densidad) que el material que haya sido desplazado y concentrado por procesos sedimentarios».
La investigación ha mostrado, asimismo, que la gravimetría -la medición precisa de los campos magnéticos- puede ser usada también para investigar la estructura interna de los planetas.
‘OPPORTUNITY’, DESAPARECIDO EN SU 15 CUMPLEAÑOS

Por otro lado, esta semana se han cumplido 15 años de la llegada a Marte de Opportunity, el rover de la NASA del que se no se tienen noticias desde el pasado mes de junio, cuando tuvo que hacer frente a una gran tormenta de arena. La NASA ha recordado el aniversario de su rover pero sin ofrecer novedades sobre si sus intentos para recuperarlo han dado sus frutos: “No tenemos noticias y no somos optimistas, por desgracia”, dice Pla. “Recientemente, la NASA ha cambiado el procedimiento de búsqueda para hacer el último esfuerzo de contacto. La esperanza es lo último que se pierde”.